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EL
HÉROE ÉPICO EL ANTIHÉROE BRECHTIANO
Básicamente,
la diferencia entre estos dos personajes 'tipo', es su reacción
ante la vida. El héroe épico no tiene fisuras
ni contradicciones. El héroe brechtiano se basa en la
contradicción. El héroe épico es, por su
nacimiento o por su circunstancia vital, un ser que se aleja
de los hombres para acercarse a los dioses. El héroe
brechtiano es, por encima de todo, un hombre, con sus defectos
y sus virtudes, pero un hombre al fin.
Para ilustrar esta comparación, hemos realizado el siguiente
cuadro:
El héroe se puede definir como un arquetipo de excelencia,
el cual converge en un modelo de la colectividad que lo honra
con su culto, ya que el personaje muestra sus esfuerzos y sufrimientos
para superarse durante sus hazañas.
El antihéroe brechtiano no es honrado por la colectividad,
sino más bien rechazado por ella.
La palabra "héroe" se deriva
del término "éros", que determina a
un personaje singular; tanto física como moralmente superior
a los hombres.
El antihéroe es moralmente, e incluso a veces,
físicamente, inferior a lo que la 'moral establecida'
dicta
Los héroes se distinguen por sus acciones extraordinarias,
también por su grandiosa manera de ver la vida como una
aventura o un desafío a mejorar el mundo que los rodea.
No hay búsqueda de un mundo mejor, sino una búsqueda
de la propia mejora en el antihéroe.
El héroe épico es más humano que
el caballeresco, porque el héroe de la novela de caballería
está lleno de ideales y de valores que lo alejan del
hombre común.
El antihéroe está tan cerca del hombre
común, que podría difuminarse entre el público
que lo contempla.
La mayoría de los héroes son transgresores,
es decir, rompen con las leyes impuestas, llegando a pasar el
limite de lo prohibido.
También el antihéroe es transgresor, pero
casi siempre con un fin personal.
Lo que verdaderamente mueve las acciones del héroe,
aparte de hacer el bien y de dar el ejemplo, es el hecho de
buscar ser inmortales a través de la fama
La inmortalidad o la fama no le importan al antihéroe
brechtiano. Sólo sobrevivir es lo que le importa.
El héroe es lo que da vida y movimiento a la obra
La obra mueve al personaje.
El
código de valores son todas aquellas virtudes que el
héroe debe manejar para llegar a ser un modelo de conducta
para el pueblo que lo rodea. Cada héroe compone su código
de valores según el tiempo y el espacio en que vive;
un héroe clásico como Odiseo no podría
tener el mismo código de valores que tiene Amadís
de Gaula.
Otra característica importante en los héroes y
es el "ser de corazón puro". Esto consiste
en ser la única persona capaz de realizar un hecho en
particular. Por ejemplo, Odiseo fue el único capaz de
tensar el arco dentro de todos los pretendientes de Penélope.
El hecho de que el héroe sea un ser de corazón
puro magnifica su espíritu y aumenta su código
de honor.
Todo esto no indica que todos los héroes sean exactamente
iguales. Podemos encontrar diferentes tipos de héroes
en la literatura universal. Si atendemos a alguno de los primeros,
vemos que Odiseo, Aquiles y Ulises son, dentro de su heroicidad,
completamente diferentes. Así, Odiseo está obsesionado
por su regreso (nóstoi). Mientras Aquiles es siempre
el mismo, guerrero sin tregua y con el objetivo del botín
y la fama, Ulises es cambiante, se modifica según la
situación (incluso se disfraza si es necesario). Es mucho
más astuto.
En cualquier caso, el héroe, en cualquiera de sus manifestaciones,
está muy lejos del hombre real, y aquí es donde
difiere completamente del antihéroe brechtiano. Éste
es tan absolutamente real que posiblemente ciertos sectores
del público se vean reflejados en lo que a él
le ocurre, lo que a Brecht le sirve muy bien para el objetivo
que persigue.
He tomado como ejemplo para la comparación la figura
del Cid Campeador. Esta figura ejemplifica perfectamente las
características del héroe clásico (código
de honor y de religiosidad, respeto al rey pese al destierro,
viaje en el que le suceden diferentes aventuras...). En cuanto
a los textos de Brecht, he utilizado varios, ya que pueden servir
para comparación cualquiera de ellos.
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la·épica·y·el·teatro·épico·Brechtiano·02A·inicio
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La
figura del Cid
Además,
debe ser un hombre sumamente valiente, de gran fortaleza
moral, ya que el hecho de haber sido desterrado no
lo determinó para ser un fracasado, El Cid
fue un hombre completamente fiel a su patria y a su
Rey. Después de haber sido expulsado de su
tierra querida se dedicó a luchar contra los
moros para recuperar el territorio español
perdido. En cada batalla que ganaba, le enviaba el
botín de guerra a su Rey para que dispusiese
de él a como fuera su gusto. De esta manera,
demostraba que nunca le tuvo rencor al Rey Alfonso,
ni tampoco lo dejó de ver como su superior
ni como su amo y señor. Busca siempre el beneficio
de la comunidad (España) y de su cabeza visible
(el Rey).
El antihéroe, sin embargo, busca el beneficio
propio. Pongamos como ejemplo el siguiente texto de
la Ópera de Tres Centavos:
MAC:
Señores que enseñáis a ser
honrados
Y a no pecar ni practicar el mal
Mejor es que nos deis buenos bocados
Y que habléis luego: eso es lo esencial
Vosotros panza, nosotros prontitud...
Sabedlo de este modo muy formal:
No hay vuelta de hoja, con toda certitud
Primero es comer, después la moral.
Primero ha de poder también el pobre
Comer del gran pastel, no lo que sobre.1
Y,
en contraposición, y hablando de bienes materiales,
el siguiente texto del Cantar de Mío Cid:
Enviar
vos quiero a
Castiella con mandado
desta batalla que
avemos arrancado;
al rey Alfons que
me a ayrado
quiérol enviar en
don treinta cavallos,
todos ellos con siellas e
muy bien enfrenados,
señas espadas de
los arzones colgando.2
(...)
Evades aquí oro e
plata fina,
una uesa lleña, que
nada nol mingua;
en Santa María de Burgos quitedes
mill missas;
lo que romaneçiere daldo
a mi mugier e a mis fijas,
que rueguen por mí las
noches e os días;
si les yo visquiero, serán
dueñas ricas.3
(...)
Mio Çid Ruy Díaz a
Alcoçer ha vendido;
qué bien pagó a
sos vassallos mismos!
A cavalleros e a peones fechos
los ha ricos,
en todos los sos non
fallariedes un mesquino.
Qui a buen señor sirve, siempre
bive en deliçio.4
Vemos, pues, cómo mientras Mackie Navaja reclama
a los 'señores' menos moral y más pan
para los pobres (es decir, para él mismo),
el Cid Campeador reparte todos sus bienes entre sus
vasallos, su mujer y sus hijas, quedándose
él sin nada. Mientras Mac busca siempre el
beneficio propio a costa de cualquier cosa (recordemos
que Mackie es un asesino a sueldo, un delincuente
que piensa muy poco en los demás), el Cid se
conforma con el bien ajeno.
Pero
la función del héroe y el antihéroe
es la misma. El Cid, como todos los protagonistas
épicos, cumple una función didáctica
ante quienes escuchan sus historias. También
la figura de Mackie busca convencer al público
y dirigirlo hacia la postura absolutamente opuesta.
Brecht, frente a la teoría aristotélica
de la 'catarsis' o identificación del espectador
con el héroe que sirve para hacer sentir horror
o compasión por éste, propone su famosa
teoría de 'distanciamiento' (efecto 'V', del
alemán Verfrendungs) o búsqueda del
alejamiento del público frente al antihéroe,
evitando dicha compasión y buscando que el
público reaccione elaborando su propia teoría
sobre lo que pasa en escena. Así, el espectador
que escucha un poema épico, es introducido
en la vivencia del héroe y trasladado a un
mundo idealizado en el que es un simple observador.
El espectador del hecho teatral brechtiano es trasladado
a su propio mundo y se le 'obliga' a pensar y a tomar
partido.
Vemos,
pues, que las funciones de héroe y antihéroe
no están muy lejos, pero es la forma de acercarse
a esa función lo que las diferencia. Así
veamos en el Cantar de Mío Cid los siguientes
versos:
"Dezid
¿qué vos merecí, ifantes de
Carrión,
en juego o en vero o en alguna razón?
aquí lo mejoraré a juvizio de la cort.
¿A quém descubriestes las telas del
coraçón?
A la salida de Valençia mis fijas vos di
yo,
con muy grand ondra e averes a nombre;
quando las non queriedes, ya canes traidores,
¿por qué las sacávades de Valençia
sus honores?
¿A qué las firiestes a çinchas
e a espolones?
Solas las dexastes en el robredo de Corpes,
a las bestias fieras e a las aves del mont.
Por quanto les fiziestes menos valedes vos.
Si non recudedes, véalo esta cort."5
Aquí,
el Cid acusa a los infantes de Carrión de la
afrenta realizada a sus hijas. Se produce este efecto
de 'catarsis' frente a quienes escuchan o leen la
historia, ya que este parlamento es realizado directamente
por el héroe. Todos deben sentirse identificados
con la acusación del Cid, poniéndose
en su lugar y 'sufriendo' con él.
Veamos
un fragmento de La madre, de Brecht, en él,
vemos cómo el autor alemán contrapone
a este efecto de catarsis o de identificación
con el personaje, el de 'distanciamiento', haciendo
que la protagonista hable de sí misma en tercera
persona:
'Casi
me avergüenzo de ponerle esta sopa a mi hijo.
Pero ya no puedo echarle grasa, ni media cucharada
siquiera. Hace ya una semana que le están
descontando del jornal un kopeke por hora. Por más
que me esfuerce, no tengo manera de repararlo...
¿Qué puedo hacer yo, Pelagea Wlassowa,
con cuarenta y dos años como tengo y viuda
de obrero y madre de obrero como soy?'6
En
este parlamento, Brecht no busca la identificación
con el personaje, sino la reacción del público
ante la pregunta de Pelagea. ¿Qué haría
yo en su lugar?
Otro
de los puntos de oposición que podríamos
encontrar entre estas dos figuras, es su papel en
el desarrollo de la historia. Mientras que el héroe
épico 'construye' su historia, el antihéroe
brechtiano 'es construído' por ella. Todo gira
en torno al héroe: el resto de personajes,
las circunstancias narrativas... Podemos decir, sin
embargo, que el antihéroe 'gira' a través
de la historia. Las circunstancias vitales son las
que le llevan a ser quién es. El héroe
se forja su destino, el antihéroe se lo encuentra.
Considero
que los dos antihéroes más sólidamente
construidos como tales son la madre, de Madre Coraje
y sus hijos y Arturo Ui, de La Resistible Ascensión
de Arturo Ui. En la primera, Brecht se propone mostrar
las maldades de la guerra sin recurrir a las teorías
aristotélicas. No hay compasión para
este personaje. Se trata de un personaje, según
Blas Matamoros, 'pasado por la crueldad barroca y
la sensibilidad expresionista, una madre que echa
al mundo a unos hijos para que vivan matando, para
que sobrevivan con las piltrafas que los alimentan
y las municiones que ella misma vende desde su carretón
infatigable'. Esta antiheroína nunca fue una
revolucionaria, en ella no hay nada de la búsqueda
de la revolución de Pelagea Vlassova (La Madre)
y la señora Carrar (Los fusiles de la señora
Carrar). Ella cree en la guerra hasta el fin. Dice
que la guerra es la continuación del negocio,
con otros significados: '¿Pero qué es
la guerra sino comercio privado que negocia con sangre
en lugar de negociar con botas?'. Mediante este personaje,
el didactismo de Brecht se nos muestra en toda su
amplitud: utiliza a un personaje al cual las circunstancias
de la vida han llevado a una situación indeseable
y nos lo presenta como el resultado de una sociedad
decadente y belicosa. Según palabras de Brecht:
'La mala suerte en sí misma es una mala maestra.
Sus alumnos aprenden a tener hambre y sed, pero raramente
anhelan la verdad o el conocimiento'. La victoria,
como la derrota, siempre afecta a las clases bajas.
El público no se identificará con Madre
Coraje, ni sentirán compasión de ella,
incluso la odiarán cuando entregue a sus hijos
a su fin, pero también llegarán a comprender
sus circunstancias y se preguntarán por qué
la sociedad, de la que ellos forman parte, se ha pervertido
hasta ese punto. Brecht muestra con esta obra, y con
los personajes que por ella transitan (incluyendo
a la hija muda, que por ello será incapaz de
gritar los horrores que vive) cómo términos
como 'honor', 'virtud' o 'moral' se convierten en
los principales causantes de las guerras en el mundo.
Es decir, que las palabras que mueven al héroe
épico son las mismas que nos llevarán
a la destrucción.
Con
respecto a Arturo Ui, Brecht da una vuelta de tuerca
más y continúa con la desmitificación
de los personajes históricos. Para ello, utiliza
el verso clásico como recurso técnico
para provocar el distanciamiento. Con la retórica
de Arturo Ui y su pandilla, Brecht hace parodia de
los vacíos discursos nazis. No podemos olvidar
que la teoría nazi está basada en la
de los caballeros del Grial, de los que se consideraban
herederos directos. La épica nazi sirve también
para alentar a las masas y mostrar como héroe
a Hitler. Frente a esto, Brecht crea a su antihéroe:
Arturo Ui, un bandido de poca monta que sigue exactamente
los mismos pasos que Adolf Hitler hacia la cancillería,
pero esta vez hacia los negocios de la coliflor.
Por último, y teniendo en cuenta otra de las
características del héroe, su nacimiento
o su infancia fuera de lo común, podemos compararlo
con Amadís de Gaula, ya que no aparecen estas
circunstancias extraordinarias en El Cid. Las circunstancias
en que nació Amadís fueron inusuales,
ya que su madre permaneció escondida durante
su embarazo en la cámara del palacio del Rey
Garínter por considerarse culpable ante el
mundo.
¿Qué
queréis hacer?- preguntó Elisena.
Ponerlo aquí y echarlo al río
La madre lo tenia en sus brazos y repetía:
¡Mi hijo pequeño! ¡mi hijo
pequeño!
Recogido
por el Rey Gandales, de Escocia, es reconocido al
fin por sus padres y armado caballero.
Sólo como comparación a este texto,
veamos este en la 'Ópera de tres centavos',
en boca de Filch (en el primer acto, hablando con
Peachum):
'
Mire, señor Peachum, desde pequeño
he sido desgraciado. Mi madre era una borracha y
mi padre un jugador. Abandonado a mí mismo
desde muy pronto, sin las manos amorosas de una
madre, me fui hundiendo cada vez más en la
ciénaga de la gran ciudad. Nunca he conocido
los cuidados paternales ni la bendición de
un hogar acogedor. Y por eso me ve aquí...'7
Como
podemos observar, también los personajes brechtianos
tienen un nacimiento y una infancia 'extraordinarios'
Con
todo esto, vemos cómo Brecht utiliza los recursos
épicos a su antojo. Demuestra el dramaturgo
un claro dominio de los géneros literarios.
Esto reafirma, pues, que la teoría de que no
hay conexión entre la épica culta y
el teatro épico, no es del todo correcta.
Para
ilustrar este conocimiento y esta utilización
de los recursos épicos, adaptándolos
a sus fines, sirva la siguiente sentencia del dramaturgo
alemán:
'Desdichada
la tierra que necesita antiguos héroes'.
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El
trovador El narrador-actor
De
nuevo vamos a encontrarnos aquí con una clara
influencia de la epopeya sobre Brecht. Todo poema
épico era principalmente oral, acompañándose
de música. Sin embargo, no ha llegado hasta
nosotros la música que los acompañaba,
por lo que no podemos tener una idea exacta de lo
que la poesía épica representaba o cómo
se dirigía el trovador al público.
Pues bien, lo que Brecht hace al convertir al actor
convencional en 'actor épico', es dotarlo de
las características del trovador. Al autor/director
no le interesaba en este caso la interpretación
interna, o sentimental. Le interesaba la narración.
El actor se convertía, pues, en un vehículo
para la narración, en un narrador, en resumen.
¿Y qué eran los trovadores épicos,
más que narradores de una historia?
Muchos son los ejemplos que podemos encontrar en la
literatura épica que indican su oralidad. Vamos
a tomar sólo dos: el Poema de Mío Cid
y la Chanson de Roland. Encontramos en ambos muchas
muestras de que se trata de un texto 'para narrar',
con claros momentos en que el narrador/trovador/juglar
se recrea en su historia:
1.
Descripción de los
personajes.
Como bien apunta Miguel Ángel García
Guerra, 'Mientras los oyentes o espectadores escuchan
una composición larga, es necesario recordar
continuamente la psicología de los personajes.
Se deben mencionar reiteradamente al público
cuáles son los personajes positivos y cuáles
los negativos'. Y así, podemos ver cómo
las referencias al carácter de Mío Cid
son constantes en el poema castellano:
'Dios, qué
buen vassallo, si oviese buen señore!' (20)
'Mio Çid Roy Díaz, el que en buena
çinxo espada,' (48, 78, 175)
o en el francés:
'Carlomagno,
poderoso rey' (XXXV, LVI)
En
Brecht, los personajes, por medio de los actores,
se encargan de describirse o, en algunos casos, de
autodescribirse. Así, por ejemplo, la conocidísima
'Balada de Mackie Navaja', al principio de la 'Ópera
de tres centavos', que describe la personalidad del
delincuente que conoceremos después. O cuando
Brecht pone en boca del propio Mac, lleno de sarcasmo,
la siguiente frase sobre sí mismo: 'Mis instrucciones
son evitar el derramamiento de sangre. Me pongo malo
sólo al pensarlo. ¡Nunca seréis
hombres de negocios! ¡Caníbales puede;
pero no hombres de negocios!'8
Vemos,
pues, que la función que cumpliría el
juglar con la poesía épica, la cumple
en este caso el actor, utilizando para ello varios
recursos: dirigirse al público, eliminando
la cuarta pared, en momentos determinados en los que
se requiere que éste se involucre o sea informado
de lo que está pasando.
2.
Fórmulas externas.
Nos describen la situación que estamos escuchando,
o viendo, pintándola para que podamos observarla.
1.
Chanson:
'Anseís
al caballo lo deja galopar, por él es atacado
Turgís de Tortelosa: el escudo le rompe bajo
la bocla de oro,/ desgarra las dobleces todas de
su loriga/ y le mete en el cuerpo la punta de su
pica;/ enganchándolo bien todo el cuerpo
le pasa', en XCIX. También la frase 'le rompe
el escudo', que encontramos en C, CII, CIII, CXIX,
CXVI, CXX, CXLII y CCXLVII.
2. Mío Cid:
Dentro en
Valençia mio Çid el campeador
Non lo detarda, pora las vistas se adobó.
Tanta gruessa mula e tanto palafré de sazón,
tanta buena capa e mantos e pelliçones.
3.
Ópera de tres centavos:
MAC: Siéntate
un momento en el pesebre, Polly. (Al público):
En esta cuadra se celebrará hoy mi boda con
la señorita Polly Peachum, que me ha seguido
por amor para compartir en adelante mi vida.
3.
Narrador omnisciente
Francisco Garzón Céspedes, poeta cubano,
afirma sobre el proceso oral: 'El que cuenta oralmente
es un dios omnipresente, omnipotente y omnisciente,
es decir, tiene total control sobre la historia tanto
intrínseca como extrínsecamente, siente
lo que sienten los personajes, gobierna sus actos,
gobierna los hechos que influirán sobre él
y los personajes que interaccionarán a lo largo
de la historia, y además posee la facultad
de influir sobre el público interlocutor. Es
anterior al narrador literario'.
Con respecto a los dos poemas épicos, vemos
que ambos tienen diferencias en su narración
que correspondería al marco del país,
la sociedad o la época en que fueron recogidas.
Pero estos rasgos son mínimos, y asegurar que
hay una tradición épica narrativa oral
de la que beben ambos.
En Brecht, los propios actores actúan como
narradores, ya que en algunos momentos 'viven' y en
otros 'cuentan' directamente al público su
historia. Este recurso se debe al ya mencionado efecto
'V' o de distanciamiento. Los actores se 'salen' de
su rol como personajes y narran lo que está
ocurriendo, siempre para que el público no
se identifique del todo con ese personaje y pueda
pensar sobre lo que ve.
El actor, según las propias teorías
de Brecht: 'Únicamente tiene que mostrar a
su personaje o, por mejor decir, no tiene que vivirlo
únicamente; eso no supone que cuando deba representar
personajes pasionales tenga que mostrarse frío.
Importa sólo que, por principio, sus propios
sentimientos no sean los del personaje, a fin de que
tampoco los de su público se transformen por
principio en los de los personajes'
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La
antilinealidad
Característica
de los poemas épicos es la falta de linealidad.
En ellos, la narración puede tener 'saltos'
temporales hacia delante o hacia atrás, según
convenga al narrador o al protagonista de la historia.
Así, recordemos los 'saltos atrás' que
utiliza Odiseo para contar su historia. Esta técnica
es también utilizada por Brecht. Buscando siempre
su objetivo de mantener al espectador en tensión,
sin que se olvide de qué va a hacer al teatro,
realiza saltos espacio-temporales en los que puede
ser muy común lo siguiente:
Introducción de una canción para ilustrar
lo que se está narrando.
El personaje que está en escena cuenta
lo que está ocurriendo en otro lugar.
Se suceden varias escenas sin ningún
sentido lineal (ni espacial, ni temporal)
Se introducen carteles o señales que
ilustran lo que está sucediendo en ese mismo
momento en otro lugar (ruptura del concepto espacial)
Como
vemos, tampoco se le pasa por alto al dramaturgo esta
técnica típica de la literatura epopéyica,
y vuelve a utilizarla para sus propios fines. Para
ello, utiliza un nuevo recurso: la fábula.
Se trata de cada historia o narración que aparece
en la obra teatral. Brecht confiere a los hechos más
vulgares la categoría de parábola, y
va construyendo con ellos el esquema básico
del hecho teatral.
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