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El espíritu de Zulema
por Milagros Román
En las colinas que rodean el hermoso valle de Chimbote, se había contemplado el espectáculo más bello del universo. La lluvia iniciaba lentamente su despedida a la tierra y besaba con sus gotas frescas todavía, la suave loma de la montaña. Un olor a lodo profundo y penetrante, se dejaba respirar plácidamente por los nativos en su dura escarpada. Amarillo, rojo, añil, violeta, el arco iris asomaba sus colores entre la faz de un azul matizado y esplendoroso...
Un pájaro se atrevió a volar y con sus alas ofrecía el símbolo más bello que un humano pudiera desear y que jamás poseería: la libertad. Sueño sublime y profundo que derrocha la ternura de una criatura hecha de naturaleza y amor, como Zulema, el joven indio que allí vivía con sus hermanos de raza.
Pequeños penachos de caña amarilla, delataban un hermoso poblado al pié mismo de la montaña. El riachuelo entonaba un leve rumor indefinible que acompasaba la vida sencilla de sus habitantes. Todas las mañanas, los hombres partían en grupo escarpando las altas montañas, para procurar el alimento a sus familias. Las mujeres se quedaban trajinando con los niños, envueltas tras el humo de un puchero enorme que cocinaban en la misma puerta de la choza.
Por las tardes, cuando el sol comenzaba su ocaso, el indiecito salía a dar grandes paseos. Sin decir a dónde iba, se alejaba perdiéndose en la gran hondonada.
¡Zulema!....
La voz de su madre se mezclaba entre el eco aprisionado por los montes, y él permanecía sentado sin escuchar, esperando a que el cielo se desnudase del azul intenso para que, entrada la noche, se cubriese con el gran manto de estrellas y como ojos vigilantes, le mirasen incesantes y juguetonas.
¡Zulemaaaaa!...
Su madre lo adivinaba muy lejos, recortando su silueta entre la cima de un monte, escondiéndose entre el negruzco follaje de unos árboles...
Mientras, en el poblado, los más viejos del lugar, se reunían sentados junto a un gran fuego para celebrar los acontecimientos del nuevo Solsticio. Era la llegada del invierno. Los tambores destilaban sonidos eternos traspasando con el aire más allá del horizonte. La luna presidía silenciosa el rito solemne que comenzaba siempre encendiendo la gran pipa de la paz, pasando de mano en mano humeante, despidiendo aromas suaves de nicotina y enebro. Fuera del círculo, las mujeres acunaban a los niños y sentándose muy cerca, escuchaban las leyendas que un anciano relataba... "Cuando el Astro Sol decline sus rayos oblicuos, acercándose a la Tierra, vendrá la Gran Estrella. No debéis mirar al cielo. Su aparición es anuncio de buenos tiempos. Traerá buenos augurios... Para aquél que la contemple, la muerte"
Todos asentían inclinando sus cabezas en señal de sumisión, y el anciano proseguía con las historias.
¿Dónde estaba Zulema?... Buscando esa estrella quizás. Esperaba Zulema que un día, apareciese ese punto fugaz y esplendoroso del que tanto había oído hablar a los ancianos, y confió en su impaciencia desafiando el momento, expectante, insultante y tímido a la vez. Acurrucado entre la enorme roca escarpada junto a la cima, quedó profundamente dormido. La voz desesperada de la madre pregonaba su nombre insistentemente presintiendo la distancia en que se hallaba:
¡Zulemaaaaa!...
Zulema no escuchaba. Insistió en la emoción de aquél instante y se lanzó a su misterio, a su búsqueda ante el inmenso vacío que le enajenaba. Pasó mucho tiempo ensimismado y bello, pálido, primitivo, con fijeza de águila acerado en su presa... La luna elevaba su cara disipando la luz tenue entre la neblina de una nube blanca y polvorienta. Las estrellas amenazaban con unos ojos penetrantes y estáticos. Zulema sintió frío y despertó. Miraba al cielo. Una luz brillante chispeó en un guiño fácil y descendió fugaz, formando una estela blanca y suave, y como una catarata de oropeles mágicos, envolvieron dulcemente el cuerpo del pequeño desapareciendo entre la oscuridad y el silencio...
¡Zulemaaaaaa!... La voz de la madre cimbreó débilmente entre el ulular del aire, desapareciendo como un silbido tenue y jamás escuchado.
-¡Madre!...- Exclamó el indiecito asustado de inmensidad.
La gran noche respondía con una suave brisa que delataba la calma del abismo silenciosa y fría. La luna asomó su luz desvelando la cortina de la nube blanca y polvorienta y el eco de Zulema desapareció para siempre.
-¿ Percibís el silencio?- preguntaba el anciano indio acabando de contar la historia.
La aldea se llenaba de susurros y lamentos provocados por la inquietud de una madre ante la desaparición de su hijo. El viejo calmaba los ánimos hablando con su habitual parsimonia, emitiendo un sonido grave y autoritario con su voz.
-¿Dónde vais mujer?- preguntó a la madre de Zulema- mira el agujero negro de la capa terrestre, del espacio infinito que nos rodea. No podeis salir de aquí.
-¡Zulemaaaaaa! ¡Zulemaaaaa!
Subido a una estrella, enganchado con fruición a sus ramas doradas, Zulema viajaba alucinado en su fantasía de niño.
-¿Dónde me llevas? -preguntó al aire- ¡Sólo eres una estrella!...
No obtuvo contestación. Por su cabeza cruzó como una chispa la idea de que nunca iba a regresar a la aldea y lloró amargamente.
-¡0h no! -suplicaba- ¡Devuélveme a mi tierra!
Unas voces áureas entonaban cánticos surgidos de la nada. Avanzaba la estrella y la noche avanzaba. La carita de Zulema se encendía de emoción avivando los ojos inocentes y saltones cuando notó que sus pies resbalaban entre chispas de oropeles y sus manos se escurrían entre una niebla efímera y fugaz. Cayó al vacío. El abismo negro se abría como una oscura y pesada garra que lo envolvía densa, mimosamente, acunándolo con caricias y besos celestiales Agitaba sus manos debatiéndolas impaciente, intentando despejar con ellas la profunda oscuridad
-¡Duerme Zulema, duerme!... -Una voz de madre susurraba tierna y próxima.
¡ Duerme Zulema, duerme!...
Una mano sedosa acariciaba su pelo brillante y suave. Sus ojos rasgados de raza y profundos de negrura, se entreabrieron enormes ante la voz femenina:
-¿Madre, eres tú?...
-Zulema... Zulema...
-¿Eres tú, madre? preguntó con insistencia.Deliraba Zulema. Mientras duró su viaje soñó su infancia vivida entre bellos parajes, mirando siempre a las estrellas en un deseo vivo de conocer su lenguaje, en un intento de comunicación con ellas y saber el porqué de su presencia que ahora se cumplía por fin.
Se incorporó a la tierra. Sus pies temblorosos todavía, seguían pisando de puntillas, leve, delicadamente. Su corazón latía en una palpitación misteriosa, férvida. Voces sublimes entonaron sonidos celestiales que resonaban en sus oídos como una invitación al amor. Intuyó que su cuerpo se transformaba sutilmente en una prolongación alada y maravillosa sobre sus espaldas, y se sintió materia leve y espíritu en una confrontación jamás pensada de la naturaleza. Nunca envidiaría la altitud de las águilas en su vuelo, ni el deslizamiento sutil de la serpiente, ni la fuerza del león al defender su territorio, ni al paciente camello en su abstinencia prolongada por el desierto; tenía todos los dones. Faltaba la llamada, el aviso divino que abriera las puertas de su templanza hacia lo desconocido.
Se sentó al borde del camino. El suave sol del invierno reflejaba los primeros rayos del día sobre su cabeza y le alentaron a una cálida y larga espera...
A lomos de un borriquillo, envuelto entre la neblina húmeda y espesa, caminaba hacia poniente aquél hombre silencioso.
-¡Subidme! -le rogó Zulema...
El hombre se apeó del borrico.
-¡ Subidme, no me dejeis!...
Y se fue con él a través de las montañas donde las cimas se visten de algodones blancos y las estrellas vigilan los caminantes perdidos .
Llegaron a una ciudad pequeña, linda, blanca como la nieve, a la que llamaban Belén. Sus casas eran humildes y encendidas de luz. Alegres covachas exhalaban por los terrados el humo con el olor de la mies y el pan cocido. Una mujer acudía hacia la fuente, erguida, con el cántaro en la cabeza. Multitud de labradores rugosos y curtidos exponían sus verduras al amparo del suelo. Al salir del pueblo, los rebaños cruzaban los caminos polvorientos entre el perro y el pastor. Siguieron por un sendero rojo de tierra viva. Los matorrales crujían dolientes de sequedad, y como un suspiro, advertían al caminante del largo trecho sediento. Una cuesta empinada les obligó a bajar del borrico. Llegaron a un garrobal. Una casa derruida y la alberca donde maceraba el cáñamo, serviría de solaz para los viajeros, y una charca sucia y poblada de insectos aliviaría la sed del pobre animal.
Comenzaba a anochecer. El aire se llenaba de humo por el aliento de frío. Zulema se abrigó bien tirando de la jerga del borrico. Emprendieron la marcha y a lo lejos, se adivinaba un pequeño cobertizo entre dos troncos robustos y una casuca blanca. El techo se cubría de cañizo, y dos talegos de paja, uno encima del otro, flanqueaban la entrada para ahuyentar el frío. El aire murmuraba sonidos de júbilo y una estrella detenida en lo alto, palpitaba su luz como un aviso.
-¡Zulema, Zulema!...
Aquella mujer morena de rostro delicado y fino, pálido como un hilillo de nieve, daba de mamar a un niño. Acurrucaba primorosamente al bebé con un mantón de lino viejo. Un hombre joven, con barba, arrimaba dos estacas para encender el fuego.
-Zulema, Zulema -dijo la mujer con voz dulce y entrecortada de cansancio.
-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó tímido.
- Te esperaba. Ha nacido tu Dios. Hoy ha nacido tu Dios y te ha elegido. Serás el ángel que anuncie su llegada. Ve y proclama al mundo que Él es el Mesías prometido...Zulema comprendió su llamada y en ese instante, desplegó la potencia aletargada de sus alas poderosas y en un alarde hermosísimo de obediencia y humildad, ascendió por sí mismo dibujando un extraño perfil por el cielo, mezcla del lastre de su condición humana y ángel bellísimo. Y su espíritu viajó por todo el mundo anunciando que en Belén de Judea había nacido un Niño.
Su mensaje llegó a los pastores, a la gente sencilla que acudía a aquella cita con ofrendas y alientos de gran esperanza. Su mensaje llegó hasta los hombres de raza amarilla, sus mismos hermanos dejados en un bello lugar recordado por Dios... Su mensaje llegó convertido en estrella hacia tierras lejanas de Oriente, sorprendiendo a tres hombres e incitándoles a un largo viaje en el que llevarían oro, incienso y mirra, como único bagaje.
MILAGROS ROMAN
Relato fue finalista en "Epifanía en las Ondas"(COPE Radio Cadena Española 1990). Alicante
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Esas malditas calles del destino
por Eduardo Mauricio Sebastianeli
Irónicamente la vida toma esas malditas calles que jamás se cruzan. Aquellas que no llegan a entrelazar sus pasos. Las que se rehúsan por un motivo u otro a seguir un mismo destino, quizás porque sus metas son eternamente opuestas.
Conocí gente, por esas rutas, que por el solo hecho de oponerse a su destino caminaban hacia atrás; se negaban a seguir adelante, por el temor de que el camino los llevara un final incierto, o lo que es peor aún, por el manifiesto temor a ser felices.
En otras ocasiones, los caminantes, miraban al costado, tratando de no ver como el camino los iba devorando con sus realidades, estos, tarde o temprano, terminaron regresando a sus casas tristes, con la desagradable desilusión de no haber disfrutado del paisaje; el que se tornó cada vez más desconocido. Y de regreso, ya en sus lares, culpaban a otros caminantes por haberlos distraído.
En cierta oportunidad, conocí a Mauro Caminante, un hombre servicial, eternamente enamorado del destino. Mauro, no era excepcionalmente sabio, ni particularmente inteligente. Yo afirmaría que estaba a la altura de cualquier transeúnte ordinario, pero su empuje y tesón, lo habían llevado a distintos confines de las carreteras.
Él fue quien me contó esta historia de amor y fuga.
Se refirió a ella en tercera persona, pero confiando en mi instinto, creo adivinar, que no fue otro, sino él quien vivenció tal experiencia.
" Cierto día -despuntó- en que Clay estaba explorando la cartografía de nuevas carreteras, encontró un lugar que le llamó mucho la atención, estaba marcado en los mapas con un círculo violeta, y en su interior, con letra clara de color carmín podía leerse la palabra "Jasaqui". Sin perder un solo instante, recorrió el diccionario de referencias del lugar. Encontró en él, algunas cosas prometedoras.
Siempre había soñado conocer un lugar así; lleno de fantasías y paz, de colores y espontaneidad que lo guiará inevitablemente a nuevas y fascinantes experiencias.
Observó también, que debajo de la referencia se encontraba el número telefónico de un guía turístico. No dudó un instante y como impulsado por un poder, que no supo de donde afloró, se vio obligado a marcarlo instintivamente. Del otro lado lo atendió una voz femenina, dulce pero melancólica al unísono, era la voz de Bonny, la hermosa guía turística que no demoró mucho tiempo en demostrarle las excepcionales ventajas que ofrecía el lugar. Parece ser que Clay quedó impactado con ese encuentro telefónico y al otro día, fue mayor su perplejidad cuando Bonny, se presentó a su puerta ofreciéndole sus servicios.
Luego de un breve refrigerio, que Clay preparó delicadamente, se dispusieron a preparar el paquete turístico, el que incluía entre otras, una noche de lunas y estrellas a la vera del Camino Amoroso; el Paseo a la Gruta del Recuerdo, donde se podían contar aquellas cosas pasadas que jamás fueron relatadas; ese día concluía en los solares del Camino Dulce Amanecer; para a la mañana siguiente, a partir de las 8,30 hs. Comenzar a recorrer el Camino de La Costa, Bonny saldría a las 8,00 hs. de Av. Camet a la altura de Cardiel donde poseía su agencia turística, lugar predilecto para organizar sus tours, y se encontraría con Clay a la hora señalada en al Av. Martínez de hoz y Alvarado.
Todo parecía ir como se había programado. El primer día fue satisfactorio, se despidieron amablemente, y Clay agradeció a Bonny por todo el paisaje nuevo que le había descubierto.
Esa noche Clay no pudo dormir de la emoción; todo a su alrededor parecía lucir distinto, hasta el loco de la esquina parecía hoy más cuerdo, las estrellas cambiaron su color plateado y jugando con la luna se disfrazaron de fucsia, celeste, verde y hasta el lucero acarició intermitentemente a una estrella gris. Todo había cambiado, Clay creyó haber encontrado a la guía turística que siempre había soñado, aquella que era capaz de demostrarle que el mundo no terminaba indefectiblemente en la General Paz, que sus días de caminante solitario habían concluido, ya podría matizar los días laborables y grises, con fines de semana a todo terreno.
A la mañana siguiente, siendo las 7,30 hs. Clay ya estaba preparado, dicen las malas lenguas que lo vieron paseando desde hora temprana con una estrella en la mano; otros afirman que lo que llevaba era solamente una margarita, no faltaron los más audaces que dijeron que era el mismo sol. Pero al parecer sólo tenía prendido en lo más profundo de su corazón la Flor de la Esperanza. A las 8,30 hs en punto apareció Bonny, y algo en su sonrisa descubría que no era la misma de la noche anterior. Clay se remitió a su silencio y abordo su auto; Bonny, en el suyo prendió un cigarrillo, apretó el acelerador y salió disparada hacia el faro, Clay la siguió sobrellevando su mutismo.
El Camino de la Costa llegaba más allá del faro, donde las fantasías se tornan en realidades y las realidades no existen.
Clay se puso a la par del coche de Bonny y le tocó bocina, ella lo saludó con su mano en alto e imprevistamente viró a su izquierda retomando el camino Del Pasado, Clay no pudo evitar seguir derecho disfrutando del paisaje del Camino de la Costa.
Desde ese día, hace ya muchos años, se la ve a Bonny recorrer incesantemente el Camino del Retorno por la Autopista del Pasado. De Clay hasta el día de hoy no se supo más nada, algunos creen haberlo visto paseando por alguna nube del brazo de una mujer bonita, otros, sus amigos íntimos, aún lo esperan añorando sus narraciones e intrigas, pero según Mauro, que al parecer bien lo conoce, Clay sigue indefinidamente recorriendo caminos con la esperanza de algún día encontrar a Bonny con su antigua sonrisa en el cruce de su vida.
Mauro duda que esto suceda, pues considera que Bonny es uno de esos eternos caminantes del Camino del Desencuentro.
Así las cosas, por esas malditas calles del destino, existen transeúntes que van y otros solo que vienen.
Podría ser que todos estemos equivocados, y en algún recóndito cruces de calles de algún barrio desconocido, de alguna ciudad ideal, los destinos se entrelacen y queden eternamente unidos al cordón de la vereda.
EDUARDO MARTÍNEZ SEBASTIANELI
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He visto un lindo gatito
por Juan Martíns
Nota: Juan Martíns es el Director de Teatro Estival de Maracay (Venezuela) y nos propone un texto sobre el que trabaja actualmente proyecto dramatúrgico para ser terminado por actor interesa. Entonces, se juega con los posibles actores-lectores del espectáculo, la pieza se denomina "Me parece que he visto un lindo gatito". Haciendo alusión al personaje de la tira cómica.
SINOPSISUn hombre, LEXAN, se encuentra solo ante un televisor:
1.- El personaje, en cambio, aparecido en la televisión es todo lo contrario del escenificado, aquél, LEXAN. Considerando que se trata de él mismo, se exhibe, en el marco de esta posibilidad, un juego de alteridad. Entre el yo del personaje y el yo del personaje aparecido en la televisión, el cual se representa como imagen de LEXAN.
2.- Conque el personaje escenificado expresa una situación completamente diferente, quedando definido por el director de escena.
3.- Las contradicciones se expresan desde el principio del conflicto: hay un diálogo entre el televisor (o si se quiere la IMAGEN) y el personaje LEXAN. En momentos, el actor representará al personaje de la televisión y, en otros, a LEXAN propiamente dicho.
4.- Creo que se puede lograr a partir del momento en que el personaje está sujetado a la televisión. A tal punto, que ha perdido total control de sí mismo. De su entidad.
5.- Ahora, VICENTE toma control de la situación a través un contexto humorístico. Podría ser que la IMAGEN desaparezca en caso que éste, LEXAN, se entregue a necesidades de hombre social. Todo para él puede cambiar puesto que el asistente, VICENTE, quiere tomar control de la situación. Es una suerte de juego en el que LEXAN pierde su propio sistema. En todo caso, es un procedimiento en algo absurdo. En un instante todo cambiará. Toda la situación se inclina hacia una realidad que ha creado LEXAN. Entonces esta nueva realidad es dueña de la situación. Se complementan realidad y delirio del personaje. La relación con el humor se constituye desde VICENTE, quien es el responsable de unir lo cotidiano, el público, con la situación de la escena.PERSONAJES
LEXAN, un hombre maduro lo cual se contradice con una conducta insegura, completamente enajenado a su condición de televidente. Todo su entorno se establece de un sistema de vida que él ha establecido en forma irrevocable. Viste de modo elegante para oponer de estar todo el día frente al televisor. En algún modo expresa un intelectual que desarrolla su labor dentro del espacio escénico definido. Éste será un personaje que aparece en la pantalla de un televisor, como así también intervendrá en la escena.
IMAGEN DE LEXAN, representa al mismo LEXAN, cuya imagen se refleja en los televisores del escenario (o bien con lo que decida el director de escena exhibirla. Por ejemplo, reflejar esta imagen en un espejo en el que se muestra el rostro de éste. Se corresponde como un personaje más en la estructura de la obra, en tanto los diálogos, los cuales se han diferenciado para su delimitación en la puesta en escena. Para resolver este problema con los diálogos de la IMAGEN puede usarse una voz en «off». Todo, dependerá de lo que decida, como hemos dicho, del director de escena. Lo importe es que el resto de los personajes tengan control parcial de la IMAGEN.
VICENTE, asistente de LEXAN. Joven, viste de modo jovial con algo de buen gusto. Aparece, en cierto modo, de manera indefinida. Sólo asiste a la escena sin causa aparente. Componiendo el enlace con el público: el humor. En ocasiones se mantiene alrededor de la escena, según lo exija la dinámica de la escena.ESCENARIO, una sala modesta establecida a través de diseños lineales y metálicos. Lo que quiere decir que su aspecto es limpio y definido con cierto carácter ejecutivo. Similar a un estudio de video. En él, una serie de televisores en serie en el cual se representa a la imagen.
Único acto
Única escenaAparece la IMAGEN reflejada. Frente a ella: LEXAN. El resto del escenario está a oscuras.
IMAGEN.- ¿Sabes que haces aquí?
LEXAN.- Claro.
IMAGEN.- ¿No entiendo? (Entra VICENTE)
VICENTE.- Buenos días señor. ¿Está bien el brillo del televisor? (Hace algún arreglo en el televisor. Sale)
LEXAN.- (A la IMAGEN) Lo que todos los días.
IMAGEN.- ¿Qué?
LEXAN.- Verme.
IMAGEN.- ¿Verte? (Entra VICENTE)
VICENTE (A LEXAN).- ¿Señor, usted está seguro de que el brillo del televisor es suficiente?...
LEXAN.- ¡Déjame ver la televisión!
VICENTE.- Estoy seguro señor que se verá mejor si...
LEXAN.- Está bien así. Déjame ver.
VICENTE.- Acuérdese que le advertí.
LEXAN.- Sí lo sé.
IMAGEN.- Haz como yo, que tengo todo resuelto. Así, sabrás qué hacer.
LEXAN.- Sé lo que estoy haciendo. No me digas qué está mejor.
VICENTE.- Señor, ¿le cambio el brillo?
LEXAN.- ¿Todavía estás aquí?
VICENTE.- Sí.
LEXAN.- Está bien, cámbiale el brillo.
VICENTE.- ¿Así, señor?
LEXAN.- Está bien.
IMAGEN.- Porque si te fijas detenidamente en mí, nunca podrás ser como yo.
VICENTE.- No le haga caso, ¿oyó? No le haga caso.
LEXAN (A la IMAGEN).- Claro que puedo ser como tú.
IMAGEN.- Nunca podrás serlo. Tú eres otro.
LEXAN.- Soy tú.
IMAGEN.- No.
LEXAN.- Sí.
VICENTE.- Le explico. Si usted acomoda el brillo, las cosas pueden cambiar...
LEXAN.- ¿Qué dices?
VICENTE.- Señor, es cuestión de que use bien la imagen.
LEXAN.- ¿Qué dices?
VICENTE.- Sencillo...
LEXAN.- Explícate.
VICENTE.- Es lo que trato. (se acerca al televisor) ¿Ve?
LEXAN.- ¿Qué?
VICENTE.- Sintonizar la imagen a usted en las condiciones necesarias para que se vea...
LEXAN.- Explícate.
VICENTE.- Ya va, espere, espere.
LEXAN.- No te entiendo.
VICENTE.- Si me da tiempo, le explico...
LEXAN.- Apúrate que la imagen espera por mí. ¿No ves?
VICENTE.- ¿Qué?
LEXAN.- La imagen está paralizada. Mi imagen está paralizada.
VICENTE.- Es lo que trato de explicarle.
LEXAN.- Termina de una vez.
VICENTE.- Con su respeto señor. El que aparece en la imagen, es el que usted desea ser. No, el que es realmente.
LEXAN.- Te quieres explicar.
VICENTE.- El de la imagen, es un hombre libre.
LEXAN.- ¿No lo soy?
VICENTE.- Con mi respeto...
LEXAN.- Deja el protocolo y explícate.
VICENTE.- Que éste, el de la imagen, es el que desea ser. Si usted quiere, pregúntele.
LEXAN.- ¿Cómo?
VICENTE.- Se refleja lo que uno quiere.
LEXAN.- No entiendo.
VICENTE.- No quiere entender que es diferente. Comprende ahora porque me preocupa el brillo de la televisión. Espere (se dirige al la imagen para ser cualquier acomodo técnico). En estos momentos coloco la imagen que quiero...
LEXAN.- ¡No lo cambies!
VICENTE.- ¿Se da cuenta señor?
LEXAN.- ¿De qué?
VICENTE.- De cómo la imagen tiene control sobre usted.
LEXAN.- ¡No es tu problema!
VICENTE.- Deseo explicarle mejor.
LEXAN.- Dime de una vez.
VICENTE.- Tenga paciencia. Voy a dejarlo un momento solo con la imagen. Mientras tanto voy a buscar unas imágenes que van aclararlo todo.
LEXAN.- No fastidies...
VICENTE (Mientras sale).- Sólo espere. Vengo con unos videos que se explicarán por si solos.
LEXAN (A la IMAGEN).- ¿Me decías que tienes todo resuelto?
IMAGEN.- Así es.
LEXAN.- Me siento tú.
IMAGEN.- No puedes.
LEXAN.- Estoy ansioso de tener tu libertad.
IMAGEN (Ríe).- No es tan sencillo.
LEXAN.- ¿Qué dices?
IMAGEN.- En tanto me veas reflejado soy tú. O mejor dicho, la parte que deseas ver de ti, pero escondes.
LEXAN.- No me escondo. Sólo me veo en ti.
IMAGEN.- Es falso.
IMAGEN.- No, no es cierto. El falso eres tú.
LEXAN.- ¿Cómo puede decirme una imagen que es verdadera? Tú no formas parte de la realidad.
IMAGEN.- No estés tan seguro.
LEXAN.- ¿Acaso no notas que soy de carne y hueso?
IMAGEN.- ¿Estás completamente seguro de que así es?
LEXAN.- Claro.
IMAGEN.- Yo, que tú. No estaría tan seguro.
LEXAN.- Demuéstramelo.
IMAGEN.- Para Vicente...
LEXAN.- ¿Vicente?...
IMAGEN.- Sí el asistente. No soy más que una imagen reflejada de ti. Ni siquiera un programa de televisión. Pero no es cierto. Tengo más control de lo que Vicente piensa.
LEXAN.- Ahora sí me tienes confundido.
IMAGEN.- Sabes que no es cierto.
LEXAN.- ¿Qué dices?
IMAGEN.- Que el real soy yo, no tú.
LEXAN.- Creo que te equivocas.
IMAGEN.- Te demostraré lo contrario.
LEXAN.- ¿Cómo?
IMAGEN.- Fácil: ¿por qué te diriges a mí como si fuera algo real. No te das cuenta que después de todo soy una imagen. Y al mismo tiempo soy más real.
LEXAN.- Quieres confundirme.
IMAGEN.- No.
LEXAN.- Me confundes.
IMAGEN.- Espera que te dirá Vicente y te darás cuenta.
LEXAN.- ¿Cómo sabes de Vicente?... (Entra VICENTE)
VICENTE (Entrando).- ¿Aún sigue sólo? Deje de hablar solo... (se dirige a la pantalla)
LEXAN.- Deja la pantalla.
VICENTE.- Disculpe señor, deme unos minutos...
LEXAN.- ¡No me digas señor!
VICENTE.- Como diga señor, digo, Lexan. (Cambia la imagen)
LEXAN.- ¿Qué haces?
VICENTE.- Nada. Tenga paciencia...
LEXAN.- ¡Haz cambiado la imagen!
VICENTE.- Tenga paciencia. Voy a explicarle.
LEXAN.- Espero que tengas una buena explicación.
VICENTE.- ¿Qué ve?
LEXAN.- Coño eso son tiras cómicas.
VICENTE.- Sí, comiquitas.
LEXAN.- Como sea, comiquitas, «cartoon», tiras cómicas, comic». Sigo viendo a un ridículo canario y a un gato. ¿Cómo llamas a eso?
VICENTE.- Fíjese para mí es importante.
LEXAN.- No entiendo. ¡Cámbialo!
VICENTE.- Espere, deme una oportunidad.
LEXAN.- Está bien, con una condición.
VICENTE.- ¿Cuál?
LEXAN.- Que me repondrás la imagen.
VICENTE.- De acuerdo.
LEXAN.- ¿No te parece ridículo ese canario?
VICENTE.- No es ridículo. Se llama «Piolín».
LEXAN.- Más ridículo aún.
VICENTE.- No, al contrario, tiene el verdadero poder.
LEXAN.- ¿Qué dices?
VICENTE.- Con su aparente tranquilidad, usa la violencia.
LEXAN.- A mí me parece un pollito ridículo y nada que ver con el poder o algo parecido.
VICENTE.- Por eso me gusta. Confunde la gente. Así quiero estar. Con el control. Con el absoluto control.
LEXAN.- Disculpa no deja de ser un pollito ridículo para mí.
VICENTE.- Vamos a resolverlo de esta manera...
LEXAN.- ¿Cómo?
VICENTE.- Fácil...
LEXAN.- ¿Cómo?
VICENTE.- Imito a «Piolín».
LEXAN.- No hagas el ridículo.
VICENTE.- Al contrario, es muy serio.
LEXAN.- ¿No me dirás que haré de gato?
VICENTE.- No es gato, es Silvestre.
LEXAN.- Coño, por favor, ese es un gato. ¡Que tenga nombre de pendejo es otra cosa!
VICENTE.- Aquí la víctima es él.
LEXAN.- ¿Quién?
VICENTE.- El gato.
LEXAN.- ¡Por favor, Vicente, sólo se trata de tiras cómicas! Cosas de niños. ¿No lo puedes comprender?
VICENTE.- No espérate. No es cosa de niños.
LEXAN.- Cámbialo de una vez.
VICENTE.- Después de que a atormentado al gato. Se da la tarea de decir: «Creo haber visto un lindo gatito»...
LEXAN.- ¿Qué con todo eso?
VICENTE.- ¿No comprendes?
LEXAN.- No.
VICENTE.- Pues que aparenta frente a la «Abuelita» ser una indefensa criatura...
LEXAN.- ¿Y qué conmigo?
VICENTE.- Y apenas la «Abuelita», como le llama «Piolín», da la espalda. Éste se ríe del gato.
LEXAN.- Sigo sin entender.
VICENTE.- Es que la gente esconde su verdadera forma de ser.
LEXAN.- Eso no va conmigo.
VICENTE.- Más de lo que tú crees.
LEXAN.- ¿Por qué?
VICENTE.- Mira, el gato, «Silvestre», hace todo lo posible por atrapar al canario, pero se le hace infructuoso. Porque cada vez que está más cerca. Éste, «Piolín», acude a la «Abuelita»...
LEXAN.- Para con eso.
VICENTE.- No espera. Cuando está a punto de atraparlo. Ve hacia el televidente y nos dice, con todo sarcasmo: «creo que he visto a un lindo gatito. ¿Ustedes no han visto un lindo gatito?».
LEXAN.- No me termina de convencer lo que dices.
VICENTE.- Cuando el «Silvestre» ya está por atraparlo...
LEXAN.- Sí, ¿qué sucede?
VICENTE.- Este voltea hacia los televidentes y nos dice, te lo he dicho: «creo que he visto a un lindo gatito»...
LEXAN.- Te vuelvo a preguntar: ¿qué con eso?
VICENTE.- ¿No te has dado cuenta?
LEXAN.- No, ¿de qué?
VICENTE.- Coño, nos dice estúpidos frente a nuestras propias caras. ¿Te parece poco, perdón, he..., le parece poco señor?
LEXAN.- Deja el formalismo de una vez. Y, ¿qué con eso?
VICENTE.- Fíjate, (Parodia la situación) ve al gato. Mira hacia el televidente. Vuelve a mirar el gato. Mira al televidente: «creo que he visto a un lindo gatito».
LEXAN.- Creo saber por dónde vienes.
VICENTE.- Ah... no estamos entendiendo. ¿Comprendes?
LEXAN.- Creo que sí. ¿Qué tal si me repones mi imagen?
VICENTE.- Ya va, déjame terminar. (Cambia) Te ve a tu propia cara, hace notar su aparente inocencia...
LEXAN.- Diría su ridiculez.
VICENTE.- No de inocencia. Y lo más triste es que hace pensar a los niños que es inocente. Pero nada que ver. Nada de inocencia.
LEXAN.- De ridículo.
VICENTE.- ¡No! El canario tiene todo controlado.
LEXAN.- ¿Por qué?
VICENTE.- Sencillo: hace ver, con toda su hipocresía, lo inocente que es. Te mira a la cara y dice: (ridiculizando la situación)«sí, he visto a un lindo gatito.
LEXAN.- ¿Y qué hace el gato?
VICENTE.- Esa pregunta es buena. Porque ahora viene lo mejor.
LEXAN.- ¿Qué chico?...
VICENTE.- Que el gato pone su cara de cagado. Porque está bien cagado. Se asusta puesto que sabe todo lo que le viene...
LEXAN.- ¿Qué?...
VICENTE.- Hace todo el ruido del mundo para que lo note la «Abuelita». Después de eso, mueve la jaula, silva, grita y entonces es cuando llega la «Abuelita».
LEXAN.- ¿Y qué sucede entonces?
VICENTE.- Le entra a palo al gato.
LEXAN.- Ya sé por dónde vienes...
VICENTE.- Claro vale, no tiene nada de inocente el canario. Es toda una ratica, una ratica peluda, pero que en vez de pelos, tiene plumas. ¿Entiendes?
LEXAN.- Claro.
VICENTE.- ¿Qué?
LEXAN.- Que el canario se defiende.
VICENTE.- ¡No vale! Sino eso demuestra que el que tiene el verdadero poder es el canario y no el gato. Aunque se quiera mostrar lo contrario.
LEXAN.- ¿Y qué es lo contrario?
VICENTE.- Bueno, el gato persigue al canario. Todo gato persigue a los canarios. Esa es la lógica de la naturaleza, pero cuando, en este caso, llega la «Abuelita». Todo cambia, los roles se invierten: el gato, «Silvestre», es víctima del real poder del canario. Sencillo, cada quien usa la mentira para ejercer su poder, es una lucha por quien se impone.
LEXAN.- Pero sólo es una tira cómica.
VICENTE.- Es allí a dónde quería llegar.
LEXAN.- ¿Qué dices?
VICENTE.- Que usan la hipocresía para mantener, cada quien desde su parcela, su violencia. Bueno así lo entiendo.
LEXAN.- Te vuelvo a preguntar: ¿qué tengo que ver con todo eso?
VICENTE.- Que «Piolín» es un hipócrita. Se esconde en una imagen falsa.
LEXAN.- ¿Acaso, no es el gato el villano. Qué le puede importar eso a los niños?
VICENTE.- Al contrario. Es una mierda y se hace ver como el bueno de la partida.
LEXAN.- Son cosas de niños.
VICENTE.- No.
LEXAN.- Demuéstramelo.
VICENTE.- Sólo te lo puedo demostrar con un juego.
LEXAN.- ¡Ah...no!
VICENTE.- ¿Qué pasa?
LEXAN.- No más juegos y ponme la imagen que tenía, ¿quieres?
VICENTE.- Si, claro, señor lo voy a hacer. Sólo espere.
LEXAN.- Deja de llamarme señor y cámbiame la imagen.
VICENTE.- Eso voy a hacer. Pero deme unos minutos.
LEXAN.- ¿Qué vas a hacer?
VICENTE.- Nada que te preocupe.
LEXAN.- Termina entonces.
VICENTE.- Empiezo con la imagen.
LEXAN.- ¿Qué tratas de decirme?
VICENTE.- Imaginas por un momento que yo soy la imagen del televisor. El televisor es el televisor y tú eres tú.
LEXAN.- No vale, me parece tonto.
VICENTE.- Tranquilo, confía en mí.
LEXAN.- Pero no vayas a llevar tiempo.
VICENTE.- Te lo prometo.
LEXAN.- Termina.
VICENTE.- Me voy a poner de este lado del televisor.
LEXAN.- Haz lo que quieras, pero termínalo.
VICENTE.- A partir de este momento soy la imagen. (Aparece la IMAGEN, sólo acompaña al resto de la escena)
LEXAN.- ¿Y?
VICENTE.- Imagínatelo. Cierra los ojos.
LEXAN.- No, por favor. Es demasiado.
VICENTE.- Cierra los ojos. Así es, ciérralos y empezaré.
LEXAN.- De acuerdo, empieza a gustarme la idea.
VICENTE (Como la IMAGEN).- No soy más que una imagen reflejada de ti.
LEXAN.- No es así.
VICENTE.- Entonces, ¿por qué me buscas?
LEXAN (Le sigue el juego).- Porque tú eres yo.
VICENTE.- Diría al contrario.
LEXAN.- Tú no eres, sino quien quiero ser.
VICENTE.- Siempre te escondes en mí.
LEXAN.- Al contrario.
VICENTE.- Siendo así, ¿por qué no te manifiesta como eres?
LEXAN.- ¿Qué es lo que me quieres decir?
VICENTE.- Quítate la careta y manifiéstate como eres.
LEXAN.- He sido como soy.
VICENTE.- Eres víctima de ti mismo.
LEXAN.- No acepto lo que dices.
VICENTE.- No tienes más remedio que aceptarlo.
LEXAN.- No estoy de acuerdo.
VICENTE.- Es inevitable.
LEXAN.- Únicamente tengo que dejar de ver tu imagen.
VICENTE.- No es tan fácil.
LEXAN.- Apago el televisor y ya.
VICENTE.- Así parece de sencillo, pero no se hace tan fácil.
LEXAN.- Soy quien soy.
VICENTE.- No te engañes. Todos los días, buscas en esta imagen lo que no te atreves a decir.
LEXAN.- Soy sincero.
VICENTE.- Sí, pero no eres honesto contigo.
LEXAN.- Soy honesto con los demás.
VICENTE.- Precisamente, te engañas.
LEXAN.- ¿Acaso tú eres honesto con los demás?
VICENTE.- No me engaño.
LEXAN.- Hablas muy seguro de ti.
VICENTE.- Sólo soy honesto conmigo.
LEXAN.- No cantes victoria.
VICENTE.- Nunca he dicho que soy un triunfador. Nunca he esperado de mí, más de lo que puedo dar.
LEXAN.- No puedo estar tan seguro.
VICENTE.- No es un problema de seguridad, sino de honestidad contigo mismo. Por ejemplo, ¿haz amado?
LEXAN.- No, bueno, amo a mi madre.
VICENTE.- No me refiero a eso.
LEXAN.- ¿A qué entonces?
VICENTE.- Si haz amado a la persona que realmente deseas.
LEXAN.- Sí, a mi madre.
VICENTE.- Todos amamos a nuestras madres, al menos que sea un desnaturalizado. Me refiero que si por algún prejuicio haz dejado de estar con la persona que realmente deseas estar. Ya sabes, la persona que pide tu corazón y no a aquella persona que te impone la sociedad.
LEXAN.- Bueno..., estoy seguro. En una oportunidad....
VICENTE.- ¿Ves?
LEXAN.- ¿Qué?
VICENTE.- Siempre tendrás un secreto.
LEXAN.- ¿Por qué?
VICENTE.- Porque soy tú y conozco todos tus secretos. Represento todo lo que haz querido ser y no has podido.
LEXAN.- Siempre estoy aquí.
VICENTE.- Pero no contigo, sino conmigo.
LEXAN.- Deseo que me quieran.
VICENTE.- Déjate querer.
LEXAN.- Deseo decir la verdad.
VICENTE.- Dila.
LEXAN.- Dejar el trabajo por otro.
VICENTE.- Déjalo.
LEXAN.- Sólo quiero ayudar a los demás.
VICENTE.- Entrégate.
LEXAN.- Hacer algo sencillo, sin mayores responsabilidades.
VICENTE.- Abandona lo que haces.
LEXAN.- Dedicarme atender niños.
VICENTE.- No esperes más.
LEXAN.- A la jardinería.
VICENTE.- No esperes más.
LEXAN.- Decirle a mi jefe la cara de mierda que tiene.
VICENTE.- hazlo.
LEXAN.- Decirle a mi mujer lo puta que es.
VICENTE.- Patéale en su cara.
LEXAN.- Lo marico que es el conserje.
VICENTE.- Bueno, no es necesario.
LEXAN.- Se lo diré.
VICENTE.- Como quieras.
LEXAN.- Lo chismosas que son las viejas vecinas.
VICENTE.- Sin que te quede nada por dentro.
JUAN MARTÍNS
Director del Teatro Estival de Maracay, Venezuela.
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