ROMANCILLO QUE RAFAEL PÉREZ CASTELLS MUSITA AL OÍDO DE MINE SÓLO CUANDO ESTÁ DORMIDA

Yo nunca fui a Kyoto
ni al mercado de Edo,
ni a los templos de Kobe
para buscarte ajeno,

ni al Fuji partí al alba
como lo dice el viento
con el blanco kimono
ceremonial del sueño.

El cerezo, en sus ramas
de lento y áureo invierno
moja mi piel: un nombre
prestado o extranjero:

y en su risa de niño
cercado, con el tiempo
descubrir dónde riega
llorando el jardinero.

El alma es sólo una
revisión del silencio,
para la siembra música
del corazón, el beso

del agua para el hombre
que sueña, y el recuerdo
para buscarme a solas
desnudo en tu deseo.


Urceloy / 2007

 

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