LA P R O S A
Parque de las Avenidas
por Sonia García Rincón
En el parque de las Avenidas las domésticas las internas las externas se acomodan los prendedores del pelo tiran de los carros de la compra de los carros de los niños de los carros de los abuelos por la Avenida de Bruselas bajan cinco riéndose agarrándose de los brazos con tacones y pintalabios y vaqueros ajustados se paran frente al escaparate de una tienda de revelado de fotografías y posan para las cámaras y a carcajadas se alejan en dirección a un hotelito de Martínez Izquierdo se acomodan digo las criadas los ralos cabellos con un prendedor de mamita-amita María Merche tiran de un carro pesadísimo con una mano llena de callos y cargan en la otra con dos uñas rotas tres bolsas más llenas de fruta hacen el desayuno a los niños de María Merche a las siete de la mañana y a y media ya vestiditos peinaditos y uniformaditos los acercan a la parada del autobús escolar a las ocho están limpiando la casa pasando la aspiradora haciendo las camas aseando al abuelo y sentándolo en un sillón cerca de un balcón donde entra algo de sol a las once y media la compra a las doce y media la manicura y pedicura y un masaje para las cervicales de mamita-amita María Merche después la cocina la mesa los platos el café a las cuatro y media comen solas bueno solas no junto al abuelo y su mantita de cuadros y sus pantuflas marrones y su televisor de pantalla de cine que escupe mujeres rosas sillones rosas todo muy rosa cuando el abuelo duerme son las cinco entonces salen a pasear se encuentran en la placita de la iglesia y allí mismo sacan de un bolso diminuto de plástico y con ribetes dorados la polvera y los pendientes se miran en el espejo fruncen los labios se ríen se abrazan alguna se pone uñas postizas largas y rojas sobre las cortas y astilladas uñas propias en veinte minutos se agarran de los brazos y juntan sus caderas jugando y bailando se cambian las zapatillas prestadas de mamita-amita María Merche se ponen los estrechos zapatos negros de tacón y charol se distribuyen los números de las habitaciones de la 209 a la 214 y al anochecer sobre las nueve ya están de vuelta sin pintalabios tacón uñas largas y sonrisa cenan los niños cena el abuelo se acuestan todos ellas guardan en una taleguilla entre pecho y pecho los sobresueldos que el amito dueño de una agencia de viajes de Gran Vía les entrega todas las tardes son para pagar el pasaje a sus hijos a sus padres incluso el suyo que aún deben a papito-amito Ángel siempre rodeado de amigos siempre de traje de chaqueta y corbata y a veces con un trozo de uña roja enganchado en la bragueta.
Sonia García Rincón. Madrid. Directora de la revista "Poet@ de C@bra"
a r i a d na